viernes, 29 de marzo de 2013

Claudio J. Mazza, implacable



Desenvuelto y cómodo en la narrativa apegada al realismo lírico, nuestro novelista nos sorprende con pasajes tenebrosos y desconcertantes que dejan sin habla.

Que se arrime un poco más al borde de la cama, así nos ve mejor. Y si quiere, que aplauda, pero de hoy no pasa. Ya estoy harto de tus excusas: “mi pobre Benito…”, “vuelve para acusarnos”… ¡Si antes no lo podías ni ver! ¡Si fue tuya la idea del matarratas!  Anda, quítate esos pantalones y vuelve a la cama mientras me acabo la copa. Y por cierto, ¿qué le has puesto? ¿Has cambiado de ginebra? Me encanta que sea tan amarga…

El amor es ciego

Paz Roca. Paz en la tierra.

Sus versos serenos esconden una enorme inercia, un impulso que los hace estallar en las mismas narices de quienes no los leen con el tiempo que merecen.



Siempre es poco el tiempo.
Nunca será el suficiente.
***                 
Amor y clandestinidad:
buena suma para vivir.

Juan Rodríguez DS, el retorno con fuerza

Sensible al drama humano, nuestro creativo alcanza a conmover sin facilitarnos el sollozo, y de ahí que no nos salgan lágrimas de lástima sino de rabia y de enojo.
 
Y restos de lágrimas en las mejillas que no se esforzaba en disimular. Y restos de hambre en el estómago, o a lo peor en el alma, que tampoco quería esconder. De su mano, en la cola del comedor social, la más pequeña de todas que, ajena al dolor de su madre, sujetaba entre sus brazos una muñeca que también lloraba, pero de otra manera. Porque las muñecas lloran sin sufrir, sin saber por qué un corazón de verdad, de los que laten, se rompe en pedazos cuando la vida nos esquiva. Hacía frío ahí afuera… y más allí adentro. 

Las manos frías

J.A. Romera, supremo hacedor.

Tras una ausencia que se nos hizo larga, regresa a nuestro blog J.A. Romera, el cronético más afamado de este lado del río Pecos. Aunque lírico en su esencia, la épica de su afición al cine del oeste le rebosa a través de personajes incólumes.
 
Ella quería reencontrarse con la verdad o al menos con una parte. De él se acordaba físicamente, aunque simplemente fuera una recreación fantasiosa de su memoria. Menudo, no muy alto, con el pelo y los ojos muy negros, lento de movimientos y casi siempre triste. Laura recordaba que sólo reía cuando veía películas. El resto del tiempo lo pasaba sentado sin hacer nada o metido en el bar. No recordaba navidades felices,  ni vacaciones especialmente alegres. No había más que recordar.

Tú ya no eres nada

lunes, 25 de marzo de 2013

Paz Roca, pétrea y sutil

Los recientes acontecimientos de sede vacante y la bicefalia posterior de la misma sede, junto a las fechas de conmemoración que todos llamamos vacaciones de primavera, todo eso no puede con la actividad creadora de nuestra poetisa, que vuelve a nosotros con naturalidad y sorpresa.
 

Podría creer, pero sé lo que sé.
Sé lo importante y lo que no lo es.

domingo, 24 de marzo de 2013

Juan Rodríguez DS, versátil

Según figura en los papeles de una vieja referencia catastral, este madrileño nació en 1964. Afirma no saber escribir, pero le da igual; ni nada de vinos, pero no se cansa de probar uno tras otro. Y es que si hubiera tenido que hacer solo lo que sabía, seguramente habría sido nada. Los estudios mal, el fútbol mejor, pero con  los estudios mal, el fútbol tampoco pudo ser. Luego vino la universidad, la de aquí con los minis de cerveza y el mus, y la de allá con cheerleaders y hamburguesas (con cerveza). Todo para terminar haciendo publicidad, los anuncios que nos joden las películas, lo único que encontró donde se podía escribir sin saber y además cobrando. En todos estos años dice no haber aprendido, pero ni falta que le hace, con un mundial, dos eurocopas y cinco Nobel de literatura este país ya tiene suficiente.


Que se arrime un poco más al borde la cama, si es que esa acumulación de kilos de carne flácida que decoran su cuerpo le permitieran ni un solo centímetro más de margen antes de rebosarse y caer al suelo. De un tiempo a esta parte la vida de Julián era eso, un vago recuerdo de algo que no fuera comer y defecar, comer mierda y defecar lo mismo. La muerte de María se llevó todo menos su apetito, que pulió y perfeccionó hasta encontrar en su mórbida satisfacción el confortable refugio para esconder una soledad que alimentaba con kilos de miedo a tener que vivir sin saber cómo hacerlo.
La vida que pesa